jueves, 5 de abril de 2012

Otra testigo relaciona a una agencia de remises con la desaparición de Marita

Se cree que la joven fue secuestrada en uno de ellos. La madre de una testigo que la vio mientras ella también estuvo cautiva, denunció seguimientos y hostigamiento en taxis de la empresa Cinco Estrellas.
Amenazas, intimidaciones, corrupción policial, exhibición de poder e impunidad fueron el sustrato del último tramo de la declaración de la madre de una víctima, quien estuvo secuestrada durante siete meses por los acusados Daniela Milhein y Alejandro González. Esta mañana, la mujer ratificó que fue delante de ella que su hija reconoció en afiches a Marita Verón, como la joven a quien había visto cautiva como ella.

A. M. de M. involucró también a los radiotaxis de la empresa Cinco Estrellas, que en 2002, cuando desapareció Marita, eran propiedad de la imputada María Jesús Rivero y de su pareja en ese momento, Rubén "La Chancha" Ale. El hostigamiento, dijo la señora, dura "desde que ha ocurrido lo de mi hija hasta el día de hoy. Ellos van y vienen por casa; tienen una orden de no estar a cierta distancia de mi casa, pero van y vienen por ahí".

Un llamado anónimo, en los primeros días tras la desaparición de Marita, aseguró que había sido subida por la fuerza a un Cinco Estrellas.

La testigo involucró también a la imputada Rivero, al contar detalles de la "visita" que le hicieron los tres hermanos de Milhein y otras dos personas allegadas a Ale, en la que le ofrecieron dinero si convencía su hija de cambiar su declaración. Dijo que oyó nombrarla "en comentarios que ellos han hecho (...), que a Daniela (Milhein), al otro día le iban a dictar la prisión preventiva, y que si así ocurría, iban a caer todos, y en esa conversación la nombraban" a Rivero.

La señora relató numerosos episodios de seguimientos de sus hijas, situaciones intimidatorias y amenazas telefónicas, algunas de la propia Milhein. "Ellos me decían que tenían poder, que yo era una pobre infeliz que no iba a poder recuperar nunca a mi hija. Ya teníamos la seguridad de que mi hija estaba con ella. Acudíamos a la Policía, y la Policía no hacía nada; la Policía de la comisaría 5ª sabía todo lo que estaba pasando, y no hacían nada. (...) Hemos terminado de tener la seguridad cuando ella (Milhein) ha ido a la comisaría y me ha amenazado".

En esa oportunidad, contó ayer la testigo, denunció el hecho al oficial Ricardo Chávez, quien decía ayudarla a buscar a su hija; pero éste se reunió durante dos horas con Milhein, y se sacó de encima a la señora, diciendo que no había novedades.

Ayer, en una estrategia incomprensible que alegró a la querella, el defensor oficial de Milhein, Hernán Molina, pidió que se cite a declarar a Chávez. Fue al final de un interrogatorio con preguntas mal formuladas y otras cuyas respuestas perjudicaron a su defendida, visiblemente alterada. Los murmullos y gestos de Milhein motivaron que el presidente del tribunal, Alberto Piedrabuena, le llamara la atención. "El problema lo tengo con mi abogado", argumentó la acusada. Molina recibió otra reprimenda por los gestos de disgusto ante la reiteración de preguntas rechazadas. En cambio, Piedrabuena no hizo ninguna observación al defensor Cergio Morfil, quien le faltó el respeto al hablar sobre sus palabras y a los gritos.

El tono imperativo de varios de los defensores y los murmullos entre los acusados desestabilizaron a la señora de A., quien un par de veces admitió estar sumamente nerviosa: "Me están presionando y me estoy empezando a sentir mal". Sin embargo, el presidente del tribunal no retomó las riendas.

La testigo dijo que, según lo que le contó su hija, las chicas enviadas por Milhein a prostíbulos de La Rioja eran acompañadas por personas "del entorno familiar, y también de afuera". Mientras lo decía, el ex policía riojano Pascual Andrada y otro de los imputados, Carlos Luna, estaban enfrascados en la lectura del expediente de otra causa en la que están acusados. Precisamente el martes, cuando se reanude el juicio, declararán testigos que los involucran en el tráfico de chicas para explotación sexual.

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