martes, 23 de agosto de 2022

EL PIBE CABEZA

El Pibe Cabeza, nació en colon, provincia de Buenos Aires el 9 de junio de 1910 y murió en Buenos Aires, capital federal el 9 de febrero de 1937, cuyo verdadero nombre era Rogelio Gordillo fue un delincuente dedicado al robo mediante asaltos en la década de 1930.

Primeros años

Era hijo de los chacareros Segundo Gordillo y Gregoria Lagarde, Lagrada o Laparda, según las fuentes, y tenía seis hermanos. Al morir su padre la familia se fue a vivir a General Pico, actualmente provincia de La Pampa donde desde los 16 años trabajó como peluquero. A los 18 tenía un romance con una joven de 15 y como la madre de esta se oponía a la relación la asesinó de dos tiros. Los jóvenes se fugaron a una chacra, donde lo detuvieron y lo condenaron a 2 años de cárcel, y cuando salió en 1930 la muchacha ya se había casado con un productor pampeano.

Delitos posteriores

En el presidio conoció a varios delincuentes y al salir se fue a vivir a Rosario y junto a su principal socio, y lugarteniente, Antonio Caprioli, alias El Vivo, comenzaron a realizar algunos robos menores en la zona. Más adelante compraron dos autos, pistolas y ametralladoras Thompson —como las que se ven en los filmes de pistoleros de la época de la Gran Depresión​ y salieron a cometer los primeros asaltos del tipo comando realizados en la Argentina, en el mismo Rosario y en otras ciudades de la provincia como ArmstrongCasildaLos MolinosVenado Tuerto: en Villa María en la provincia de Córdoba y en localidades de la provincia de Buenos Aires.

A fines de 1932 fue detenido cuando intentaba un asalto en Rosario y se lo condenó a 2 años de prisión. En 1935 salió por última vez de la cárcel y viajó a La Pampa donde hace una serie de asaltos de importancia.

Gordillo pasó a la historia por ser el asaltante que diseñó una estrategia criminal hasta ese momento desconocida en el país: una banda que actuaba con sincronización, se movilizaba en autos modernos, utilizaba ametralladoras, escapaba rápidamente por rutas estudiadas de antemano y variaba el lugar del golpe siguiente. Siempre, en todos sus robos, iba vestido con un impecable traje oscuro y peinado “a la gomina”.

Las armas le daban a la banda gran superioridad sobre los policías, su accionar era extremadamente violento, y no dudaban en matar a quienes les opusieran resistencia. Gordillo, que ya era conocido por su apodo de "el Pibe Cabeza", operaba con Caprioli y con Florián "El Nene" Martínez, entre otros delincuentes.

El 7 de enero de 1937 asaltaron turistas en la ruta Rosario-Córdoba y se produjo la primera baja de la banda, al ser muerto Pedro Ferrari. Ese mes en Rosario, la banda robó una famosa joyería y se llevó lingotes de oro, alhajas y 1500 pesos en efectivo. El auto en el que escapaban atropelló al canillita Ubelindo González, de 12 años, quien sufrió lesiones leves. El Pibe Cabeza bajó del auto y le dio unos pesos al chico, y cuando se aprestaba a seguir viaje se aproximó el cabo Santo Contreras y llevando del brazo al chico les dijo que tenían que ir al hospital y de ahí a la comisaría. La banda lo encañonó y se llevó a los dos en el auto. Más adelante, alrededor de las 6 del día 22, se les detuvo el vehículo por problemas mecánicos. Una pareja que se paró a ayudarlos fue también secuestrada, todos pasaron al nuevo vehículo y más adelante el hombre y el canillita fueron abandonados. El cabo Contreras fue asesinado, y a la mujer la liberaron a los dos días.

La banda se dividió en la ciudad de Junín: Gordillo quería ir a Buenos Aires y el resto se negaba, de modo que sólo lo acompañó Caprioli.

Su muerte

El martes de Carnaval del 9 de febrero de 1937 fueron a una casa de la calle Artigas, en el barrio de Mataderos, donde vivía María Romano, una joven de 19 años que esperaba una hija de Gordillo. Por la noche los dos hombres salieron a pasear por las calles repletas de murgas y gente disfrazada festejando el Carnaval. La policía vigilaba la casa alertada por un dato confidencial y los siguió hasta que se produjo un tiroteo. El Pibe Cabeza se parapetó detrás de un árbol y disparó con dos pistolas mientras Caprioli escapó y subió a un colectivo pese a estar herido. La policía se colocó tras un patrullero y Gordillo recibió varios balazos hasta que un tiro en el pecho del oficial Antequeda lo mató en el acto.

Cadáver

Su cabeza se halla conservada en un recipiente con formol en el Museo Forense del Poder judicial.-

LA MASACRE DE RAMALLO

La Masacre de Ramallo es el nombre con el que se conoce en la Argentina al grave episodio político-policial que ocurrió el 17 de septiembre de 1999, en la localidad de Villa Ramallo, Provincia de Buenos Aires.

Desarrollo de los hechos

La mañana anterior tres ladrones entraron en la sucursal del Banco Nación de Villa Ramallo con la intención de robar el tesoro. Una testigo presencial llamó a la policía. Algunas versiones indicaron que un automóvil estacionado afuera escapó al ver llegar los patrulleros.

Al arribar la policía, los tres ladrones que se encontraban en el interior tomaron a seis rehenes, entre los que se encontraba el gerente de la sucursal, y comenzaron una negociación con el objetivo de obtener lo que buscaban a cambio de liberar a los rehenes. Se dijo que en el banco había unos 30 000 pesos y poco más de 100 000 pesos en el tesoro, y que los ladrones solicitaban una llave y la clave para abrirlo. Se dijo que además del dinero, buscaban unos documentos guardados en la bóveda.

Las negociaciones se estancaron. A las 21 horas los ladrones dejaron salir a dos rehenes. Pasada la medianoche, dejaron salir otro rehén a cambio de la última llave del tesoro, aunque no disponían aún de la clave.

El entonces presidente del Banco Nación, Roque Maccarone, dijo que el juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, fue el único jefe del operativo durante las 20 horas que duró la crisis, y que disponía de la clave. Afirmó también que el Banco Nación estaba dispuesto a ceder en todo lo que fuera necesario para salvar la vida de los rehenes.

Las negociaciones continuaron mientras los rehenes se comunicaban telefónicamente con varios medios televisivos argentinos.

A la madrugada, mientras Martín Saldaña, uno de los ladrones, conversaba con el mediador, sus cómplices salieron con los rehenes en un automóvil Volkswagen Polo, propiedad del gerente del banco, Carlos Cháves. El propio gerente, con un pan de explosivo trotyl en el cuello, manejaba. A su lado iba un ladrón con Flora Lacave, esposa del gerente, utilizándola como escudo humano. [cita requerida]Atrás iban otro asaltante y el contador del banco Carlos Santillán, también como escudo humano.

El desenlace

Al salir el auto, en marcha lenta, con 2 ladrones y 3 rehenes como escudo, muchos de los policías que rodeaban el banco abrieron fuego contra el mismo, frente a las cámaras de televisión que registraron el hecho. En pocos segundos hubo 170 disparos, 46 de los cuales dieron en el auto, los rehenes y los ladrones.1

Los rehenes Carlos Cháves (54) y Carlos Santillán (59) murieron dentro del vehículo como resultado de la balacera. Flora Lacave -esposa del gerente y también rehén- se salvó.2​ También se salvó Carlos Martínez (20), uno de los ladrones, quien fue hospitalizado, mientras que el supuesto jefe de la banda murió dentro del automóvil.

Martín René Saldaña (24), el ladrón que se había quedado dentro del banco, fue detenido y al día siguiente fue encontrado ahorcado en una celda de la comisaría 2 de Villa Ramallo. Se dijo que se había colgado usando el forro de un colchón, sin que nadie se explicara cómo lo arrancó. El 29 de enero de 2007, Clarín3​ publicó que una nueva pericia confirmaba que Saldaña no se había suicidado, sino que había sido asesinado.

Consecuencias

Al conocerse el resultado de la masacre, la muerte de los rehenes y el misterioso suicidio de uno de los ladrones detenidos, comenzaron las sospechas y empezaron a tejerse todo tipo de teorías sobre los hechos. Hubo rumores de complicidades políticas internas entre las fuerzas policiales y fuertes cuestionamientos al Juez Villafuerte Ruzo. El hecho provocó la renuncia del Ministro de Seguridad bonaerense, Osvaldo Lorenzo, y la disolución del Grupo Halcón de la Jefatura Departamenta

domingo, 7 de agosto de 2022

Emilia Basil, la descuartizadora del restaurante

Había llegado de El Líbano y le decían "La Turca". Estaba casada y tenía tres hijas, pero, todo se desata por un  un pretendiente que quería cobrar con sexo una deuda económica. Y todo terminó de la peor manera.

El cabello tirante hacia atrás había perdido el color castaño de la última tintura. Se mostraba tan gastado como su dueña, de rostro triste, una mirada dura enmarcada en anteojos de grueso carey negro. Era más bien baja. Ya no se le adivinaban formas; las uñas sucias y las manos deformes por el trabajo pesado. De esta mujer de 58 años que durante mucho tiempo descuartizó reses en un frigorífico y que ahora dirigía un restaurante, el comienzo del drama  " el tano José Petriella estaba enamorado o algo parecido".

Ella se llamaba Emilia Basil. Había nacido en Beirut, El Líbano, y en Buenos Aires, donde llegó de jovencita, le decían “la Turca”, como no podía ser de otra manera. Él, Petriella, era un hombre que tocaba los 60 años. Llevaba más tiempo en la Argentina que en su Italia natal, de donde vino poco antes de las Segunda Guerra, pero sin embargo seguía hablando con acento italiano. Era un excelente plomero y las cosas le fueron bastante bien en el país.

A los pocos años, les pagó el pasaje a dos de sus seis hermanos para que también se vinieran. Compró una propiedad en la avenida Garay 2201, que años después vendió a Emilia y a su pareja, el peruano Felipe Coronel Rueda. El restaurante cambió de nombre. Los nuevos propietarios le pusieron “Yamile”. Petriella no se fue del todo porque se acomodó en una ruinosa piecita del fondo de la propiedad. Ganaba muy bien para 1973, unos 9000 pesos mensuales. Estaba lejos de los 2500 que alcanzaba apenas un empleado bien pago.

La madrugada del sábado 24 de marzo de 1973, hacía ya 13 días que el Frente Justicialista de Liberación Nacional, el FREJULI, había triunfado en las elecciones nacionales del domingo 11 y consagrado a Héctor J. Cámpora como presidente electo. A José Petriella, le importaba poco y nada la política a pesar de los indómitos y violentos tiempos que corrían. Lo único que tenía en la cabeza era lograr que Emilia se acostase con él otra vez. Iba a jugar sucio para lograrlo: Emilia le debía unos 8 millones de pesos y estaba apretada de plata, entonces le propondría a la mujer que aceptara sus reclamos de amor otoñal o le exigiría el pago de la deuda.

Como todos los días, aquel sábado 24 de marzo, ella se levantó poco antes de las 4 para abrirle la puerta de calle a las 4.10, que era el horario en que José se iba hacia su trabajo. Emilia parecía muy pequeña al lado de los 100 kilos del italiano. José le acarició un brazo y ella lo rechazó. “Bueno, basta, ¿o querés que le cuente al peruano que me debés la plata?”. Él dejó su maletín en el piso y se acercó a ella, que no se resistió. Emilia temía que sus tres hijas y su marido escucharan. Lo llevó hasta el living. Ella estaba muy tranquila y José ya no podía contenerse.

Suavemente, la mujer le paso un cordel de nylon por detrás del cuello sin que el italiano se diera cuenta. Mientras el hombre la tocaba descontrolado, ella, en un instante, le dio la vuelta y apretó con fuerza. Con rapidez dio otra vuelta alrededor del cuello y volvió tirar con más fuerza aún mientras le clavaba los ojos a Petriella que tenía los suyos a punto de saltársele de las órbitas. Emilia fue acompañando el cuerpo de José que caía, sin aire. Ella puso un pie en el pecho de su desafortunado amante y volvió a tirar.

El cordel estaba cortando el cuello mientras ella aguantaba los estertores del hombre.

Puso un poco en las asaderas, otro en las ollas, otro poco en el tanque con el que hacían baño María. Las ollas hirvieron durante dos horas. A la más pesada, con la cabeza, la escondió en su ropero. Por las noches, la sacaba y la llevaba a la cocina para darle un nuevo hervor. Quedaban algunas partes aún. Se fue a la vereda, de noche y las tiró en la alcantarilla.

El lunes 26 de marzo, en el restorán se atendió como siempre. El horno, donde había restos de Petriella, se utilizó como de costumbre y se sirvió la comida como siempre. Había trozos de carne que ya no se podía distinguir si eran de vaca, cerdo o...

Todo iba a parar los platos de los clientes convenientemente sazonado.

Emilia seguía teniendo un problema porque había partes que no había podido tirar ni reducir ni asar. El miércoles 28, una vecina observó casi enfrente de su casa, en la vereda, un cajón de frutas y verduras del que salía un hilo de sangre. Pensó que era partes de una res vacuna que el matarife había tirado. ¡Qué raro! Mientras la vecina estaba allí parada, pensativa, se acercó una de las hijas de Emilia que se puso a comentar con la vecina semejante descuido. La chica fue a preguntarle a su mamá quién pudo dejar ese cajón y Emilia le dijo que mejor era llamar a la Policía para que se llevara “eso” de ahí.

No hizo falta porque otro vecino sacó un listón del cajón y vieron un torso humano. Como estaba, se lo llevaron a la comisaría 18°. Los policías no podían creer lo que veían entrar a la seccional. Una patrulla fue a la cuadra. El único que faltaba desde hacía unos días era el tano Petriella y preguntaron por él. Nadie sabía nada. Volvieron a la noche, pero con una orden de allanamiento. Revisaron el restaurante, las habitaciones y el mugroso cuarto de Petriella. Encontraron una pelota envuelta en papel de diario. La abrieron. Era lo que quedaba de la cabeza de José.

Emilia desvinculó inmediatamente a sus hijas y a su marido. Ella dijo: “Lo ahorqué, descuarticé y herví su cabeza tres días seguidos. Me cansé de mirarla mientras se hallaba en ebullición. Lo hice y lo volvería a hacer una y mil veces”.

Cuando se sentó frente al juez Juan Carlos Liporace, agregó: “Señor juez... yo no tuve a nadie que me llevara los bultos en un auto. Esa fue mi desgracia; si no, le puedo asegurar que no me descubrían más”.

Emilia Basil, alias “la Turca Basil”, fue condenada por el juez de sentencia Jorge Sandro a la pena de 10 años de prisión. Sus familiares quedaron desvinculados, ni siquiera los rozó el encubrimiento a pesar de que convivieron con un cadáver en la casa durante tres días. La condena contra Emilia fue luego confirmada por la Sala III de la Cámara del Crimen en mayo de 1979. En noviembre de ese año, estuvo en condiciones de salir en libertad condicional.



domingo, 27 de febrero de 2022

LA REVOLUCION DE LOS HERMANOS KENNEDY

 

 

Por los Hermanos Kennedy se recuerda en la Argentina a un grupo de ciudadanos comandados por EduardoRoberto y Mario Kennedy que, en 1932, tomaron la ciudad de La PazEntre Ríos, en defensa de la democracia, contra el gobierno de facto que había derrocado el 6 de septiembre de 1930 al Presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen.

Los Kennedy

“Nacieron en la estancia "Los Algarrobos", sita en el Distrito Estacas del Departamento La Paz (Entre Ríos). Es grande y arisco el solar. Tierra entrerriana de rancio abolengo democrático. Allí el derecho amanece con Artigas y llega al meridiano con Urquiza. Cuna de gauchos cantores y altaneros, prontos siempre a saltar a caballo para cruzarse por la dignidad. Honrada gente de campo acostumbrada a vivir mal y morir bien. Borrosas figuras de friso. Muy humildes, muy simples, sin letras casi. Rubrican con el lazo. Crecen en los peligros”, dice la pluma del escritor uruguayo Yamandú Rodríguez. Y continúa: “El predio familiar ofrece a los Kennedy su mano áspera: montes de quebracho que amacizan arbustos espinosos. Cada rotura tiene un zurcido de liana. De tanto en tanto el monte se detiene a respirar. La boca. Una abra. En seguida vuelve a cerrarse, tupido, elástico de enredaderas. Los senderos se arrastran. Forman nudos, se destrenzan”.

Recuerdos

Un sobrino de los revolucionarios, Mario Crespo (hijo de Amalia Kennedy), contó lo siguiente: “Yo tenía ocho o nueve años cuando sucede el levantamiento. Ya mis tíos hacían reuniones secretas, en una casa que hacía poco se había construido frente a la mía, calle San Martín casi llegando a las barrancas del Paraná. Mi tío Eduardo vivía constantemente allí y junto a sus dos hermanos y otras personas se juntaban aunque no era un comité radical (...) recuerdo que fuimos al paraje “La Esmeralda” en vacaciones. Una mañana temprano llega una lancha de la Subprefectura con muchos policías y civiles armados “para agarrar a los Kennedy” –era el 4 o 5 de enero de 1932 si mal no recuerdo. Mis tíos estaban escondidos en el monte, en un lugar llamado El Quebrachal, de la estancia Los Algarrobos al este. Parece que alguien los denunció y por eso llegaba la lancha”.

El escritor uruguayo dijo: “Estaban en una feria ganadera efectuando ventas de toros, cuando recibieron noticias del atentado cometido el 6 de septiembre contra la Constitución Argentina. Desde ese momento los hermanos Kennedy vivieron para combatir al dictador.

Asalto a la comisaría[editar]

Respecto al asalto, el uruguayo Yamandú Rodríguez subrayó que “la noche del tres, noche buena para la democracia, los Kennedy reúnen la columna de ataque. Son catorce hombres. Tienen armas cortas y brazos largos. Deliberan. Algunos confían sorprender a los enemigos. Uno de los revolucionarios propone entretener al centinela de la Jefatura para dar tiempo a que el grupo desemboque, le rodee, e impida pasar la alarma. Saben que el enemigo está alerta (...) -Yo me encargo del centinela- dice Roberto.

Es suficiente garantía. Callan. Los tres hermanos pasan al frente. Las cabezas se inclinan sobre un reloj. Son las tres.- Vamos. Y el puñado de patriotas se pone en marcha”.

Charlando sobre política nacional, Don Crespo comenta que “ellos van contra la Dictadura del General Uriburu que en septiembre de 1930 había derrocado a Yrigoyen y proscripto al radicalismo. Mis tíos son aliados del Teniente Gregorio Pomar, militar democrático. En 1932, se paró el levantamiento que tenía su Comando Central en Concordia y el grupo de La Paz no recibe el informe. Es decir, no vino el refuerzo desde el norte y la revolución fracasó. Hay varias versiones: unos dicen que el intermediario no simpatizaba con los Kennedy y demoró el aviso; otros, que hubo problemas de comunicación. De todas formas la gente de La Paz cumplió su rol: tomaron la policía, el telégrafo, custodiaron los bancos para que no se aproveche la oportunidad y sean robados... eran aproximadamente quince personas. Cuando llegan a la comisaría le dicen al guardia que no se resista que no le iba a pasar nada. Pero el guardia gatilla su máuser y todo desemboca en un enfrentamiento, mueren cinco policías. De este grupo yrigoyenista no hubo bajas, si muchos presos. Luego les comunican que la revolución había fracasado y deciden abandonar la ciudad junto a su fiel compañero, Papaleo”.

Yamandú señala que “la jefatura, estaba defendida por veinticinco hombres, distribuidos en tres guardias. La primera: el centinela. La segunda, formada por el Comisario y un agente. Y la tercera, custodia de la cárcel, fuerte de veintidós gendarmes. Tropa escogida, veterana y sobre aviso. Los Kennedy y sus compañeros avanzan en apretado grupo.

-Arriba las manos- gritan.

-Ha estallado la revolución- dice el centinela. Hace fuego tres veces sobre el grupo que adelanta a la carrera. Y salta hacia el portal, cubriéndose con sus disparos. Segundos después cae muerto. Roberto ha cumplido su promesa. Además, Mario alcanzó a ese enemigo con dos plomos de su revólver”.

El escritor añade: “Avanzan cinco héroes: Roberto, Mario, Eduardo, Molinari y Franco. El resto de los revolucionarios permanecen en la puerta cubriendo la retirada.

Al ver al comisario de servicio, Roberto le intima a la rendición. Desde su bufete el policía responde con varios disparos. Kennedy hace fuego entonces. Hiere. Es éste un bello encuentro personal, bala por bala. Pero se aproxima un gendarme. Y entra en pelea. Ambos apuntan al brioso Roberto.

-Matalo, Mario!- dice encarándose con el gendarme. Suenan dos detonaciones. Mario derriba al comisario de un balazo en la frente, Roberto hiere al soldado en las manos y le hace caer el máuser. Así a plomo y bravura toman la segunda guardia.

“Entréguense porque el que tire muere”. Con este grito los atacantes se lanzan sobre el grueso del enemigo. Dos Kennedy toman hacia la izquierda. Eduardo, Molinari y Franco adelantan por la derecha. Así desembocan en un pasillo. Crece el fuego de fusilería. Parece respirarles en la cara un vaho de muerte. Los cinco pelean a pie firme, en descubierto a toda talla, frente a veintidós gendarmes parapetados. Se calientan los revólveres. Las armas de precisión envuelven al grupo en un zumbido constante (...) Caen dos gendarmes. Al sentirse herido el "imaginaria" de los calabozos abandona la pelea. En ese momento se apagan las luces. Continúa a oscuras el combate. Ahora los Kennedy hacen puntería en el fogonazo de los fusiles. En el arco del fondo aparece un gendarme. Es valiente: el alma de la resistencia. Es preciso apagar esa vida para el bien de muchos. Molinari le enfoca con una linterna. A esa luz, Mario Kennedy hace fuego y mata.

Su caída señala el final del combate. Los gendarmes del fondo, huyen. Los del flanco, que tiraban al amparo de las recovas, arrojan las armas, se rinden.

La Jefatura de La Paz está en poder de la revolución. Entonces un gendarme se adelanta con la mano herida en lo alto. Roberto enfunda su revólver y en aquel pasillo, lleno de pólvora, abraza al soldado”.

Existe un monolito en el cementerio paceño “en homenaje a los caídos en defensa del deber”, funcionarios policiales.

Represión y exilio[editar]

Crespo explica que “ellos deciden irse al Uruguay por tierra firme. Porque también podían fugarse por la zona de islas pero la canoa que toman para cruzar a la isla Curuzú Chalí comienza a hacer agua y se tienen que volver. Mientras hacían tiempo para la retirada, llegan los policías: comienzan a resistir y bajan a cinco policías más (...) los tres eran buenos tiradores con revólver.

Sobre la frustración del levantamiento, ilustra Yamandú que “tomadas las medidas que aconseja el patriotismo, Eduardo Kennedy establece comunicación con Concordia. Debe pedir instrucciones al Comando General (...) Y reciben el primer golpe; Concordia está tranquila. Enseguida interceptan despachos de Goya y Curuzú Cuatiá. Estas Jefaturas militares alarmadas, piden refuerzos. En todos los puntos, excepto La Paz el intento revolucionario ha fracasado”.

Don Crespo afirma que “después de la amnistía una gran cantidad de gente los recibe en el Puerto de Buenos Aires como “héroes de la democracia”. Ellos tienen un desencuentro fuerte con el ala conservadora radical (los “galeritas” seguidores del Presidente Alvear) y forman el Partido Liberal Independiente. Creo que fue un error porque se quedaron sin base política. Mario volvió a Corrientes, Roberto a La Paz y Eduardo se quedó en Buenos Aires (...) Mario, en 1933, vuelve a la zona de Concordia para otra intentona (ver el texto Paso de los Libres de A. Jauretche). Pero es herido en el brazo y cruza nadando al Uruguay”.

La batalla en el monte El Quebrachal es dura: “Ni un ademán excesivo. Ni una palabra de más. Ni un disparo inútil. Ponen para morir, la misma dignidad con que vivieron. No combaten al dictador, sino a la dictadura. Hunden sus balas en las frentes de los enemigos como semillas en la tierra (...) En el otro campo sueltan plomos y gritos. Los Kennedy responden con su puntería. Con su altivez. Con su formidable decisión de vencer. Son muchos gendarmes, hombres probados (...) Para cada revolucionario hay siete gendarmes. Pero éstos tiran a cubierto. Por no perder las ventajas de su posición disminuyen la justeza de sus disparos. Atacan a la defensiva. En cambio los Kennedy no tienen nada que cuidar. Están bien ocultos tras su armadura de carne. Disponen de todo su poder combativo. Y lo gastan”.

Más adelante, Rodríguez dice que “van varios minutos de pelea. Los sitiadores han hecho cien disparos. Los Kennedy, siete. Con ellos voltearon seis gendarmes. Excepto el enemigo que recibió dos proyectiles en el pecho, todos fueron heridos en la frente. El batallón de los cuatro sigue ileso. Los atacantes ven diezmar sus fuerzas”.

El Gobernador de la provincia de Entre Ríos, Luis Etchevehere, siguiendo órdenes del Estado nacional manda a reprimir la asonada por agua, tierra y aire. Siete aviones de guerra lanzaron sus bombas sobre el monte paceño: “Todo tiembla y cae, excepto los Kennedy”, cuenta la leyenda.

“Lo doloroso es que pájaros y árboles son del mismo suelo. Sobre tierra Argentina cayeron las primeras bombas de la cuarta armada. Iban contra cuatro patriotas”, señala Yamandú.

“Ave María Purísima” es el saludo de los tres hermanos cuando se encuentran con los hogares de paisanos, al huir hacia el sur correntino para llegar a la República Oriental del Uruguay. Cruzan los arroyos Tacuaras y Yacaré, llegan al Paso Cejas, atraviesan el río Guayquiraró hacia Monte Caseros.

A pesar de la vigilancia y el control de las fuerzas armadas, los hermanos logran romper el potente cerco ya que “Corrientes parecía un campamento militar”.

La diferencia es que los Kennedy tienen compañeros y los dictadores servidumbre, comenta la historia popular. Esa historia con mayúsculas que a veces se escribe en los libros. Esa historia que nos ayudará a encontrar nuestras raíces para forjar una sociedad mejor.

Homenaje a los hermanos Kennedy

El 5 y 6 de enero de 2007 se realizó en La Paz la primera jornada de revisionismo histórico, organizada por el Centro de Estudios Históricos Arturo Jauretche (CEHAJ) y la Dirección de Cultura de la ciudad.

Las jornadas se realizaron en la primera semana del año ya que en ese momento se cumplió el 75º aniversario de la rebelión de los hermanos Kennedy producida en el año 1932.

El coordinador del Cehaj, Marcelo Faure, comentó en esa oportunidad que "el revisionismo histórico es una corriente importante que tiene sus matices pero que intenta poner en crisis la historia oficial, basada principalmente en los textos de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López".

También dijo Faure que "el centro de estudios se denomina Jauretche no por casualidad; el Vasco fue uno de los fundadores de la agrupación Forja, un nexo entre el yrigoyenismo y el peronismo, dos importantes movimientos populares que piensan con cabeza propia los problemas nacionales y latinoamericanos".

"Jauretche es uno de los referentes de esta corriente de pensamiento y su figura estará sobrevolando las Jornadas de historia en enero".

Ese día el historiador Norberto Galasso envió una carta de reconocimiento a los revolucionarios que se alzaron contra la Década infame.

El testimonio oral vino de la mano de María Elena Franchini Kennedy, sobrina de los revolucionarios y tenaz defensora de la causa de sus tíos.

El 6 de enero se homenajeó a Mario, Roberto y Eduardo Kennedy, en el 75° aniversario del levantamiento yrigoyenista en contra de la dictadura de Uriburu, en la oportunidad se plantarán tres árboles nativos en el parque Berón de Astrada.

Los Kennedy del Sur

El libro fue publicado por primera vez en 2005, y debido a que la obra fue premiada por la Universidad Nacional de Entre Ríos, se realizó una segunda edición. En esta segunda edición de Simurg ediciones, de Buenos Aires, el autor agrega el Romance de los Kennedy que a su entender "resignifica" la novela y que en la primera edición no había sido incluido por una cuestión de requisitos del concurso en cuanto al número de páginas. González Rebolledo investiga durante 10 años, aprovechando que sus vacaciones de verano transcurrían en general con una estadía en las afueras de La Paz con su familia, esta historia que había estado muy velada, busca datos en la oralidad, en los diarios de la época, en parientes y personas allegadas de algún modo a quiénes formaron parte de esa patriada que lideraron "los locos Kennedy" como decían en general las fuentes consultadas, y este iba a ser el título de la novela, pero luego, pensando en cuán colonizados estamos como para saber más de los Kennedy del norte que de estos paisanos nuestros, demócratas por convicción y arrojo, resolvió titularla: Los Kennedy del Sur

La obra es una ficción, tomando como referencia histórica la revolución de los hermanos Kennedy, realizada el 3 de enero del año 1932 en La Paz, Entre Ríos. Los Kennedy eran productores rurales y deciden ir en contra del gobierno de facto, en aquel momento, de José Félix José Félix Uriburu. Este había sido el primer militar que había derrocado a un presidente civil, elegido por el pueblo, que fue Hipólito Yrigoyen, y frente a este hecho los Kennedy se levantan en La Paz, articulándose en una serie de levantamientos a lo ancho y a lo largo del país, pero que fracasan en todos los demás lugares, y solamente ellos llevan adelante la lucha armada hasta las últimas consecuencias. ​

Denominan "Hermanos Kennedy" a la ruta de ingreso a La Paz

Ordenanza 890/09.

El 23 de marzo de 2009 el Concejo Deliberante de la ciudad de La Paz (Entre Ríos) denominó la ruta de ingreso a la ciudad "Hermanos Kennedy" (proyecto presentado por el concejal Hugo Segovia). A raíz de la iniciativa del HCD, el 20 de noviembre de 2009 por la tarde se inaugura una placa en el arco de acceso a la ciudad. El acto es convocado por los familiares de los 3 revolucionarios; adhieren el Municipio local y el CEHAJ.

 

 

 

 

 

LOS CABALEROS DE LA NOCHE

 Los caballeros de la noche - “NULLA POENA SINE LEGE”  (Sin delito no hay pena)

Muy grande fue la sorpresa de Doña Felisa Dorrego de Miró, una mañana de agosto de 1881, al recibir una carta en la cual le informaban que su madre había sido secuestrada. Se le heló la sangre: su progenitora había muerto hacía un tiempo, y hasta dónde a ella le constaba, sus restos descansaban en el cementerio de la Recoleta. La misiva llevaba la firma de "Los Caballeros de la Noche" La paz del sepulcro había sido interrumpida la noche del 24 de agosto de ese año, cuando un grupo de hombres, comandados por Alfonso Kerchowen de Peñarada, un joven de nacionalidad belga, ingresó al cementerio con el propósito de secuestrar los restos de doña Inés de Dorrego, cuñada del histórico Manuel "Los restos mortales de su finada señora madre, doña Inés de Dorrego, que reposaban desde poco tiempo atrás en la bóveda de familia de los de Dorrego, han sido sacados por nosotros mismos", decía la misiva que la sociedad formada por Alfonso Kerchowen de Peñarada, Francisco Moris, Vicente Mora o Morate y Daniel Expósito y Pablo Miguel Ángel le enviaron a Felisa Dorrego de Miró.
La misteriosa carta indicaba que los secuestradores estaban al tanto de que la finada había dejado a sus hijos "una fortuna colosal", por lo que deshacerse de cinco millones de pesos les sería "una cantidad insignificante", sostenían los En el mismo escrito, amenazaban a la familia diciendo que "indudablemente la justa crítica de una sociedad y una nación" los cubriría "de vergüenza y lodo, manchado para siempre vuestro nombre, ilustre hasta la fecha", en caso de que el pago por el rescate no se concretara. Junto con la carta, enviaron una ánfora donde se suponía debía ser colocado el dinero.
El falso rescate.
Informada sobre este hecho, la policía confirmó que, efectivamente, los restos de Doña Inés no estaban en su sepulcro. Pero lograron encontrar el ataúd en el escondite que habían elegido los secuestradores: el sepulcro de la familia Requijo, que hoy ya no existe.
Es que, como extraer el pesadísimo ataúd (lleno de valiosas incrustaciones) del cementerio era imposible sin ser descubiertos, los hombres lo escondieron en el otro sepulcro.
Inmediatamente los investigadores decidieron continuar con el operativo de pago, para lograr dar con los autores del hecho. La policía siguió a la persona encargada de retirar la ánfora -que en realidad contenía papel de diario y no el dinero acordado- y, tras una persecución, los denominados Caballeros de la Noche fueron apresados.
Sin delito, no hay pena
Lo curioso de este caso fue que, hasta ese momento, el Código Penal no contemplaba el secuestro de cadáveres como delito. Si bien en primera instancia Kerchowen, Morate, Francisco Moris, Patricio Abadie, Pablo Miguel Ángel y Expósito, fueron condenados por robo a la pena de seis años de presidio, esa sentencia fue apelada.
El defensor Rafael Calzada explicó que el Código Penal no había previsto "el caso de que un sepulcro pudiera ser violado" y que la Ley Fundamental establecía en su artículo 18 que "ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo, fundado en ley anterior al hecho del proceso".
Así es como lo consideró también el fallo de la apelación, que declara compurgada la pena y comprende que la ley vigente no contemplaba el hecho perpetrado por los Caballeros de la Noche como un delito.
Incorporación al Código Penal
Años después, debido a este hecho, se incorporó al Código Penal Argentino (artículo 171) la siguiente frase: "Sufrirá prisión de dos a seis años, el que sustrajere un cadáver para hacerse pagar su devolución". Esta disposición comenzó a regir en 1887 (Ley 1920), en el capítulo de los robos y hurtos (artículo 195).
Finalmente, tal delito fue considerado como extorsión, por lo cual, con el mismo texto, se lo incluyó bajo ese título. A partir del Proyecto de 1906, el "secuestro de cadáveres" pasó a ocupar ese lugar que hoy conserva en el Código Penal. Y los Caballeros de la Noche pasaron a la historia de la Argentina como los primeros secuestradores en haber tomado en cautiverio nada menos que un cadáver.
Una curiosa anécdota
Como toda buena historia, este relato también tuvo una pequeña chispa "romántica". Algo de eso hubo, al menos según las crónicas de la época, entre Kerchowen de Peñarada y la señora Felisa. Luego del secuestro frustrado de los restos de su madre, cuentan que Felisa quiso saber qué había llevado al joven belga, hijo del Vizconde de Kerchowen, a la vida de delincuente, por lo que decidió conocerlo personalmente.
Algunos comentan que el jefe de los Caballeros de la Noche habría manifestado un interés romántico en la señora Dorrego de Miró. Incluso se dice que ella acogió a la esposa e hijo de Kerchowen, ante la penosa situación económica que esa familia atravesaba…

Dr. Raul A. Abraham