domingo, 27 de octubre de 2013

Detuvieron al acusado de balear a una embarazada en Ciudad Evita

Un hombre de 30 años fue detenido herido de bala en una pierna tras un enfrentamiento armado en la localidad bonaerense de Ciudad Evita y quedó acusado de haber sido quien disparo contra una mujer embarazada y provoco la perdida de su hijo.

El detenido, conocido como "Pucho", tiene numerosos antecedentes penales y fue apresado luego de un tiroteo con efectivos de la DDI La Matanza que quisieron identificarlo en la localidad de Villegas.

En medio de la balacera, el hombre se quedó sin balas y recibió un disparo en una pierna. Tras ello, fue internado fuera de peligro en un hospital local.

Por otra parte, el detenido también está acusado de balear en una pierna a un joven de 20 años durante un asalto en Ciudad Evita el 23 de febrero de 2012.

Fuentes policiales confirmaron que el detenido es quien el 2 de julio pasado baleó a María Guarachi (37) cuando llegaba a su casa del barrio Democracia de Ciudad Evita, junto a su marido, Eduardo Romero, a bordo de un Audi A4.

En la puerta de la vivienda, los esperaba dos autos con al menos cinco delincuentes a bordo que, sin mediar palabra, abrieron fuego con pistolas y una escopeta.

En ese momento, Romero logró poner marcha atrás, chocar uno de los autos de los delincuentes y escapar entre los balazos, pero a pocos metros uno de los vehículos lo alcanzó y volvieron a disparar contra al Audi que recibió al menos ocho impactos de bala en el parabrisas.

Los delincuentes finalmente escaparon sin robar y Romero condujo hasta una sala de primeros auxilios para hacer atender a su mujer.

El increíble caso del hombre al que se tragó la tierra

Darío Jerez era comerciante. Tenía esposa y 3 hijos. Desapareció en Santa Teresita en 2001. Este año hubo un juicio contra 5 acusados de encubrir un presunto crimen. Pero todos fueron absueltos.
    
¿Dónde está?. La esposa de Jerez, en la esquina de Santa Teresita donde fue hallado el auto de su marido, estacionado de contramano y con las llaves puestas./ FABIAN GASTIARENA
 
                        
27/10/13
El señor Jerez se levantó temprano, desayunó en familia, arregló con su mujer que él la buscaría al mediodía para llevarla a la escuela (ella era maestra jardinera), acomodó las puntas del cuello de la camisa bajo el pulóver amarillo, salió en su auto para hacer la recorrida habitual por los locales de Santa Teresita...
y desapareció.
Aquel jueves de primavera de 2001 (hace dos días se cumplieron 12 años), lo último que se supo de él es que efectivamente visitó un par de esos locales, como hacía diariamente.
En pleno mediodía, se esfumó. El auto –un Ford Fiesta–quedó estacionado de contramano con las llaves puestas, el pulóver en el asiento del acompañante, el cargador del celular en el piso y un paquete de galletitas en el asiento de atrás. No había en el vehículo rastros de sangre, ni de peleas ni huellas de otras personas que no fueran de la familia.
Es todo.
Su mujer comenzó a buscarlo al mediodía, no bien su hijo Germán almorzó y, ya que su papá no llegaba, salió solo para la escuela. Ese día hizo 124 llamadas al celular de su marido –Rubén Darío Jerez, 46 años, con quien criaba a tres hijos– que nadie respondió nunca. La Dirección Nacional de Migraciones le informó a la Justicia que nadie con su nombre y documento salió del país por los pasos fronterizos durante los últimos 12 años.
Por la causa pasaron seis fiscales que llevaron el caso a un juicio oral que terminó este año en Dolores, tras un mes de audiencias y la declaración de 184 testigos. Había cinco acusados de encubrimiento, uno de falso testimonio y un problema enorme, titánico, irresoluble: una hipótesis de homicidio sin cuerpo, ni móvil, ni asesino. ¿A quiénes encubrirían, entonces, los imputados? La sentencia terminó con la absolución de todos, protestas de los allegados a la víctima y una pregunta agigantada por la impunidad: ¿Qué pasó con Jerez?
Los hombres recién absueltos (tres de ellos dirigentes radicales de cercanía con el intendente del Partido de la Costa de aquel momento, Guillermo Magadán) sostienen que la causa fue armada contra ellos por razones políticas. “A dos días de las elecciones de 2007, y cuando faltaban pocos días para que la causa prescribiera, el fiscal sacó de la galera un procesamiento a tres representantes de la UCR, a un amigo de la familia y a un empresario amigo de Jerez”, se quejan. Y recuerdan que aquel fiscal, tras procesarlos, “fue ascendido a fiscal general” de Dolores.
Como sea, Jerez llegó cerca de las 10 a la rotisería de las calles 27 y 4 de Santa Teresita. Era vendedor de golosinas y gestor de la empresa de la tarjeta de crédito local Comprar. Estuvo allí unos minutos y cruzó al comercio de la calle 3, donde le hizo una cobranza a su dueño, José Stoll. Este vio que, al salir, Jerez se puso a conversar “con una persona más alta que él”. Una descripción demasiado general para Jerez, que medía sólo 1,62. Otros testigos dijeron que este hombre era “rubio”. Y que Jerez caminó brevemente a su lado mientras hablaba por celular. Aquel enigmático acompañante ocasional nunca pudo ser individualizado por la Justicia.
En el juicio hubo una coincidencia única entre fiscales, querellantes y abogados defensores: Jerez no tenía motivos para irse de su casa, para desaparecer de golpe y para siempre de su vida tranquila y con actividad social: era dirigente de un club de fútbol infantil, al que le dedicaba sus fines de semana.
Su mujer recuerda que, el día de la desaparición, un policía le dijo que debía esperar unas horas antes de salir a “averiguar el paradero”, pero ella lo tomó de las solapas y le gritó: “Salí a buscarlo ahora”.
No hubo caso. “Muchos años esperé que Darío estuviera vivo. Yo estaba totalmente abocada a que apareciera, pero hoy esa esperanza se ha opacado. Tiene que estar muerto, si no se hubiera comunicado con nosotros”, dice ella.
“Por su voluntad no se fue”, dijo en el juicio la madre de Jerez, Isabel Suárez. Teresa Farías, amiga de la familia, remarcó: “Conociendo a Darío, nunca pudo irse y dejar a su esposa que amaba y a sus hijos”.
Hay una trama de cheques por cobrar, aunque por importes menores (se habla de 10 cheques por sumas poco significativas), y todos coinciden en que Jerez no tenía un puesto de relevancia en ninguna de las empresas en las que trabajaba ni para manejar grandes valores ni para negociar deudas.
Los jueces dijeron que los 5 testigos que dijeron haber visto a Jerez conversando con otro hombre “en ningún momento mencionaron que hubieran observado una maniobra dirigida a concretar un secuestro”.
El tribunal también consideró que, “si bien es cierto que resulta absolutamente verosímil que Jerez no se haya ido por su propia voluntad, también es cierto que esa circunstancia no acredita que haya sido asesinado”.
¿Entonces? Uno de los abogados del caso dijo en el juicio de 2013 que la investigación estaba en la misma situación que en 2001. Parece una verdad de hierro.