martes, 23 de agosto de 2022

EL PIBE CABEZA

El Pibe Cabeza, nació en colon, provincia de Buenos Aires el 9 de junio de 1910 y murió en Buenos Aires, capital federal el 9 de febrero de 1937, cuyo verdadero nombre era Rogelio Gordillo fue un delincuente dedicado al robo mediante asaltos en la década de 1930.

Primeros años

Era hijo de los chacareros Segundo Gordillo y Gregoria Lagarde, Lagrada o Laparda, según las fuentes, y tenía seis hermanos. Al morir su padre la familia se fue a vivir a General Pico, actualmente provincia de La Pampa donde desde los 16 años trabajó como peluquero. A los 18 tenía un romance con una joven de 15 y como la madre de esta se oponía a la relación la asesinó de dos tiros. Los jóvenes se fugaron a una chacra, donde lo detuvieron y lo condenaron a 2 años de cárcel, y cuando salió en 1930 la muchacha ya se había casado con un productor pampeano.

Delitos posteriores

En el presidio conoció a varios delincuentes y al salir se fue a vivir a Rosario y junto a su principal socio, y lugarteniente, Antonio Caprioli, alias El Vivo, comenzaron a realizar algunos robos menores en la zona. Más adelante compraron dos autos, pistolas y ametralladoras Thompson —como las que se ven en los filmes de pistoleros de la época de la Gran Depresión​ y salieron a cometer los primeros asaltos del tipo comando realizados en la Argentina, en el mismo Rosario y en otras ciudades de la provincia como ArmstrongCasildaLos MolinosVenado Tuerto: en Villa María en la provincia de Córdoba y en localidades de la provincia de Buenos Aires.

A fines de 1932 fue detenido cuando intentaba un asalto en Rosario y se lo condenó a 2 años de prisión. En 1935 salió por última vez de la cárcel y viajó a La Pampa donde hace una serie de asaltos de importancia.

Gordillo pasó a la historia por ser el asaltante que diseñó una estrategia criminal hasta ese momento desconocida en el país: una banda que actuaba con sincronización, se movilizaba en autos modernos, utilizaba ametralladoras, escapaba rápidamente por rutas estudiadas de antemano y variaba el lugar del golpe siguiente. Siempre, en todos sus robos, iba vestido con un impecable traje oscuro y peinado “a la gomina”.

Las armas le daban a la banda gran superioridad sobre los policías, su accionar era extremadamente violento, y no dudaban en matar a quienes les opusieran resistencia. Gordillo, que ya era conocido por su apodo de "el Pibe Cabeza", operaba con Caprioli y con Florián "El Nene" Martínez, entre otros delincuentes.

El 7 de enero de 1937 asaltaron turistas en la ruta Rosario-Córdoba y se produjo la primera baja de la banda, al ser muerto Pedro Ferrari. Ese mes en Rosario, la banda robó una famosa joyería y se llevó lingotes de oro, alhajas y 1500 pesos en efectivo. El auto en el que escapaban atropelló al canillita Ubelindo González, de 12 años, quien sufrió lesiones leves. El Pibe Cabeza bajó del auto y le dio unos pesos al chico, y cuando se aprestaba a seguir viaje se aproximó el cabo Santo Contreras y llevando del brazo al chico les dijo que tenían que ir al hospital y de ahí a la comisaría. La banda lo encañonó y se llevó a los dos en el auto. Más adelante, alrededor de las 6 del día 22, se les detuvo el vehículo por problemas mecánicos. Una pareja que se paró a ayudarlos fue también secuestrada, todos pasaron al nuevo vehículo y más adelante el hombre y el canillita fueron abandonados. El cabo Contreras fue asesinado, y a la mujer la liberaron a los dos días.

La banda se dividió en la ciudad de Junín: Gordillo quería ir a Buenos Aires y el resto se negaba, de modo que sólo lo acompañó Caprioli.

Su muerte

El martes de Carnaval del 9 de febrero de 1937 fueron a una casa de la calle Artigas, en el barrio de Mataderos, donde vivía María Romano, una joven de 19 años que esperaba una hija de Gordillo. Por la noche los dos hombres salieron a pasear por las calles repletas de murgas y gente disfrazada festejando el Carnaval. La policía vigilaba la casa alertada por un dato confidencial y los siguió hasta que se produjo un tiroteo. El Pibe Cabeza se parapetó detrás de un árbol y disparó con dos pistolas mientras Caprioli escapó y subió a un colectivo pese a estar herido. La policía se colocó tras un patrullero y Gordillo recibió varios balazos hasta que un tiro en el pecho del oficial Antequeda lo mató en el acto.

Cadáver

Su cabeza se halla conservada en un recipiente con formol en el Museo Forense del Poder judicial.-

LA MASACRE DE RAMALLO

La Masacre de Ramallo es el nombre con el que se conoce en la Argentina al grave episodio político-policial que ocurrió el 17 de septiembre de 1999, en la localidad de Villa Ramallo, Provincia de Buenos Aires.

Desarrollo de los hechos

La mañana anterior tres ladrones entraron en la sucursal del Banco Nación de Villa Ramallo con la intención de robar el tesoro. Una testigo presencial llamó a la policía. Algunas versiones indicaron que un automóvil estacionado afuera escapó al ver llegar los patrulleros.

Al arribar la policía, los tres ladrones que se encontraban en el interior tomaron a seis rehenes, entre los que se encontraba el gerente de la sucursal, y comenzaron una negociación con el objetivo de obtener lo que buscaban a cambio de liberar a los rehenes. Se dijo que en el banco había unos 30 000 pesos y poco más de 100 000 pesos en el tesoro, y que los ladrones solicitaban una llave y la clave para abrirlo. Se dijo que además del dinero, buscaban unos documentos guardados en la bóveda.

Las negociaciones se estancaron. A las 21 horas los ladrones dejaron salir a dos rehenes. Pasada la medianoche, dejaron salir otro rehén a cambio de la última llave del tesoro, aunque no disponían aún de la clave.

El entonces presidente del Banco Nación, Roque Maccarone, dijo que el juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, fue el único jefe del operativo durante las 20 horas que duró la crisis, y que disponía de la clave. Afirmó también que el Banco Nación estaba dispuesto a ceder en todo lo que fuera necesario para salvar la vida de los rehenes.

Las negociaciones continuaron mientras los rehenes se comunicaban telefónicamente con varios medios televisivos argentinos.

A la madrugada, mientras Martín Saldaña, uno de los ladrones, conversaba con el mediador, sus cómplices salieron con los rehenes en un automóvil Volkswagen Polo, propiedad del gerente del banco, Carlos Cháves. El propio gerente, con un pan de explosivo trotyl en el cuello, manejaba. A su lado iba un ladrón con Flora Lacave, esposa del gerente, utilizándola como escudo humano. [cita requerida]Atrás iban otro asaltante y el contador del banco Carlos Santillán, también como escudo humano.

El desenlace

Al salir el auto, en marcha lenta, con 2 ladrones y 3 rehenes como escudo, muchos de los policías que rodeaban el banco abrieron fuego contra el mismo, frente a las cámaras de televisión que registraron el hecho. En pocos segundos hubo 170 disparos, 46 de los cuales dieron en el auto, los rehenes y los ladrones.1

Los rehenes Carlos Cháves (54) y Carlos Santillán (59) murieron dentro del vehículo como resultado de la balacera. Flora Lacave -esposa del gerente y también rehén- se salvó.2​ También se salvó Carlos Martínez (20), uno de los ladrones, quien fue hospitalizado, mientras que el supuesto jefe de la banda murió dentro del automóvil.

Martín René Saldaña (24), el ladrón que se había quedado dentro del banco, fue detenido y al día siguiente fue encontrado ahorcado en una celda de la comisaría 2 de Villa Ramallo. Se dijo que se había colgado usando el forro de un colchón, sin que nadie se explicara cómo lo arrancó. El 29 de enero de 2007, Clarín3​ publicó que una nueva pericia confirmaba que Saldaña no se había suicidado, sino que había sido asesinado.

Consecuencias

Al conocerse el resultado de la masacre, la muerte de los rehenes y el misterioso suicidio de uno de los ladrones detenidos, comenzaron las sospechas y empezaron a tejerse todo tipo de teorías sobre los hechos. Hubo rumores de complicidades políticas internas entre las fuerzas policiales y fuertes cuestionamientos al Juez Villafuerte Ruzo. El hecho provocó la renuncia del Ministro de Seguridad bonaerense, Osvaldo Lorenzo, y la disolución del Grupo Halcón de la Jefatura Departamenta

domingo, 7 de agosto de 2022

Emilia Basil, la descuartizadora del restaurante

Había llegado de El Líbano y le decían "La Turca". Estaba casada y tenía tres hijas, pero, todo se desata por un  un pretendiente que quería cobrar con sexo una deuda económica. Y todo terminó de la peor manera.

El cabello tirante hacia atrás había perdido el color castaño de la última tintura. Se mostraba tan gastado como su dueña, de rostro triste, una mirada dura enmarcada en anteojos de grueso carey negro. Era más bien baja. Ya no se le adivinaban formas; las uñas sucias y las manos deformes por el trabajo pesado. De esta mujer de 58 años que durante mucho tiempo descuartizó reses en un frigorífico y que ahora dirigía un restaurante, el comienzo del drama  " el tano José Petriella estaba enamorado o algo parecido".

Ella se llamaba Emilia Basil. Había nacido en Beirut, El Líbano, y en Buenos Aires, donde llegó de jovencita, le decían “la Turca”, como no podía ser de otra manera. Él, Petriella, era un hombre que tocaba los 60 años. Llevaba más tiempo en la Argentina que en su Italia natal, de donde vino poco antes de las Segunda Guerra, pero sin embargo seguía hablando con acento italiano. Era un excelente plomero y las cosas le fueron bastante bien en el país.

A los pocos años, les pagó el pasaje a dos de sus seis hermanos para que también se vinieran. Compró una propiedad en la avenida Garay 2201, que años después vendió a Emilia y a su pareja, el peruano Felipe Coronel Rueda. El restaurante cambió de nombre. Los nuevos propietarios le pusieron “Yamile”. Petriella no se fue del todo porque se acomodó en una ruinosa piecita del fondo de la propiedad. Ganaba muy bien para 1973, unos 9000 pesos mensuales. Estaba lejos de los 2500 que alcanzaba apenas un empleado bien pago.

La madrugada del sábado 24 de marzo de 1973, hacía ya 13 días que el Frente Justicialista de Liberación Nacional, el FREJULI, había triunfado en las elecciones nacionales del domingo 11 y consagrado a Héctor J. Cámpora como presidente electo. A José Petriella, le importaba poco y nada la política a pesar de los indómitos y violentos tiempos que corrían. Lo único que tenía en la cabeza era lograr que Emilia se acostase con él otra vez. Iba a jugar sucio para lograrlo: Emilia le debía unos 8 millones de pesos y estaba apretada de plata, entonces le propondría a la mujer que aceptara sus reclamos de amor otoñal o le exigiría el pago de la deuda.

Como todos los días, aquel sábado 24 de marzo, ella se levantó poco antes de las 4 para abrirle la puerta de calle a las 4.10, que era el horario en que José se iba hacia su trabajo. Emilia parecía muy pequeña al lado de los 100 kilos del italiano. José le acarició un brazo y ella lo rechazó. “Bueno, basta, ¿o querés que le cuente al peruano que me debés la plata?”. Él dejó su maletín en el piso y se acercó a ella, que no se resistió. Emilia temía que sus tres hijas y su marido escucharan. Lo llevó hasta el living. Ella estaba muy tranquila y José ya no podía contenerse.

Suavemente, la mujer le paso un cordel de nylon por detrás del cuello sin que el italiano se diera cuenta. Mientras el hombre la tocaba descontrolado, ella, en un instante, le dio la vuelta y apretó con fuerza. Con rapidez dio otra vuelta alrededor del cuello y volvió tirar con más fuerza aún mientras le clavaba los ojos a Petriella que tenía los suyos a punto de saltársele de las órbitas. Emilia fue acompañando el cuerpo de José que caía, sin aire. Ella puso un pie en el pecho de su desafortunado amante y volvió a tirar.

El cordel estaba cortando el cuello mientras ella aguantaba los estertores del hombre.

Puso un poco en las asaderas, otro en las ollas, otro poco en el tanque con el que hacían baño María. Las ollas hirvieron durante dos horas. A la más pesada, con la cabeza, la escondió en su ropero. Por las noches, la sacaba y la llevaba a la cocina para darle un nuevo hervor. Quedaban algunas partes aún. Se fue a la vereda, de noche y las tiró en la alcantarilla.

El lunes 26 de marzo, en el restorán se atendió como siempre. El horno, donde había restos de Petriella, se utilizó como de costumbre y se sirvió la comida como siempre. Había trozos de carne que ya no se podía distinguir si eran de vaca, cerdo o...

Todo iba a parar los platos de los clientes convenientemente sazonado.

Emilia seguía teniendo un problema porque había partes que no había podido tirar ni reducir ni asar. El miércoles 28, una vecina observó casi enfrente de su casa, en la vereda, un cajón de frutas y verduras del que salía un hilo de sangre. Pensó que era partes de una res vacuna que el matarife había tirado. ¡Qué raro! Mientras la vecina estaba allí parada, pensativa, se acercó una de las hijas de Emilia que se puso a comentar con la vecina semejante descuido. La chica fue a preguntarle a su mamá quién pudo dejar ese cajón y Emilia le dijo que mejor era llamar a la Policía para que se llevara “eso” de ahí.

No hizo falta porque otro vecino sacó un listón del cajón y vieron un torso humano. Como estaba, se lo llevaron a la comisaría 18°. Los policías no podían creer lo que veían entrar a la seccional. Una patrulla fue a la cuadra. El único que faltaba desde hacía unos días era el tano Petriella y preguntaron por él. Nadie sabía nada. Volvieron a la noche, pero con una orden de allanamiento. Revisaron el restaurante, las habitaciones y el mugroso cuarto de Petriella. Encontraron una pelota envuelta en papel de diario. La abrieron. Era lo que quedaba de la cabeza de José.

Emilia desvinculó inmediatamente a sus hijas y a su marido. Ella dijo: “Lo ahorqué, descuarticé y herví su cabeza tres días seguidos. Me cansé de mirarla mientras se hallaba en ebullición. Lo hice y lo volvería a hacer una y mil veces”.

Cuando se sentó frente al juez Juan Carlos Liporace, agregó: “Señor juez... yo no tuve a nadie que me llevara los bultos en un auto. Esa fue mi desgracia; si no, le puedo asegurar que no me descubrían más”.

Emilia Basil, alias “la Turca Basil”, fue condenada por el juez de sentencia Jorge Sandro a la pena de 10 años de prisión. Sus familiares quedaron desvinculados, ni siquiera los rozó el encubrimiento a pesar de que convivieron con un cadáver en la casa durante tres días. La condena contra Emilia fue luego confirmada por la Sala III de la Cámara del Crimen en mayo de 1979. En noviembre de ese año, estuvo en condiciones de salir en libertad condicional.