martes, 13 de diciembre de 2016

Preventiva para vigilador que mató al "árbolito"

Se trata de Pablo Reyes, quien está acusado de asesinar y ocultar el cadáver de Nicolás Silva, joven que trabajaba en una financiera en pleno centro porteño. El juez Marcelo Conlazo Zavalía tomó la decisión. En tanto, el detenido se encuentra alojado en el pabellón neuropsiquiátrico del penal de Ezeiza.

Pablo Reyes, el vigilador privado que fue detenido acusado de haber asesinado al “arbolito” Nicolás Silva y de haber ocultado su cadáver durante 40 días en un placard de su departamento del barrio de Monserrat, fue procesado con prisión preventiva por “homicidio agravado” y alojado para su evaluación en el pabellón neuropsiquiátrico del penal de Ezeiza, informaron este martes fuentes judiciales.
La decisión fue adoptada por el juez Marcelo Conlazo Zavalía, titular del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción 29.
Para el magistrado, Reyes (35) fue autor de un “homicidio agravado criminis causa (matar para ocultar otro delito), en concurso con robo agravado por el uso de arma”, delito que prevé una pena de prisión perpetua.

La hipótesis del juez Conlazo Zavalía y del fiscal del Distrito Núñez Saavedra, José María Campagnoli, quienes tuvieron desde el inicio la causa por la desaparición de Silva (41), es que el empleado de seguridad asignado a la custodia de la redacción de la agencia Télam, asesinó al “arbolito” en su casa para quedarse con el dinero en efectivo que el empleado de la financiera había llevado para hacer una operación de cambio de dólares.
El juez también dispuso en su auto de procesamiento que a raíz del intento de suicidio que tuvo el imputado y debido al cual lograron ubicarlo y detenerlo en un hotel del barrio porteño de Balvanera, Reyes sea tratado por los especialistas del Programa Interministerial de Salud Mental Argentino (Prisma) en el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza.
Silva había desaparecido el 4 de octubre último con 70.000 pesos en efectivo cuando había ido justamente al domicilio de Reyes, en la calle Venezuela 1218, a hacer un cambio de divisas.
Si bien la policía estuvo dos veces en ese domicilio y la actividad de su celular se perdía ese día en esa cuadra, nunca se hizo ningún allanamiento porque no había motivos para sospechar que allí le hubiera sucedido nada.
Su actividad como empleado de una financiera del microcentro y sus vínculos con algunos barrabravas y cuidacoches hicieron que los investigadores tuvieran otras líneas investigativas que incluían incluso la posibilidad de que Silva podía haber desaparecido por su propia voluntad con el dinero.
Todo cambió el 13 de noviembre pasado cuando la esposa de Reyes, Brenda Blanco Rondón (39), llamó a la policía porque encontró un cadáver embolsado en el placard del lavadero del departamento que la pareja alquilaba el 4to. piso "A" de Venezuela 1218 en Monserrat, que luego fue identificado como perteneciente a Silva.
Rondón, quien pasó detenida por el caso 24 horas al igual que su suegro, Antonio Reyes (62), hasta que fueron liberados por falta de mérito, declaró que halló el cadáver mientras limpiaba el departamento y detectó un olor nauseabundo que venía del lavadero y pensó podría ser del orín o la materia fecal del perro labrador que tenían de mascota.
La mujer de nacionalidad peruana explicó que tuvo que forzar con un martillo una puerta de ese placard porque estaba “clavada” y que al lograr abrirla vio la bolsa que contenía cadáver “llena de gusanitos”.
La mujer que trabaja en el Ministerio de Economía de la Nación y como secretaria en un consultorio, contó que ese mismo día por la mañana había echado de su casa a Reyes porque estaba convencida de que su marido le había sacado 10.000 pesos que guardaba bajo llave en un bolso dentro de otro placard y que "no era la primera vez que faltaba dinero".
Reyes estuvo tres días prófugo hasta que el 16 de noviembre fue detenido luego de que intentara suicidarse con cortes en una de sus muñecas en la habitación 17 del segundo piso del hotel "Galicia", ubicado en Hipólito Yrigoyen 3072, en el barrio de Balvanera.
El empleado de la empresa de seguridad Gruspan, dejó dos cartas, una a la Policía en la que asumía la comisión del crimen de Silva y otra en la que se despedía de su familia. El acusado estuvo internado varios días en el Hospital Ramos Mejía con custodia policial hasta que fue dado de alta y trasladado al penal de Ezeiza.

lunes, 24 de octubre de 2016

Asesinaron a su mamá, a su tía y a su bisabuela: él se ocultó en un baúl y logró sobrevivir

Triple femicidio en Mendoza
Bautista, de 8 años, se escondió mientras la ex pareja de su mamá cometía una masacre. El agresor, que fue detenido, también hirió a una beba y a otro chico. 
Bautista, con apenas 8 años, es sobreviviente del horror. Despertó en su habitación con los gritos del padre de su hermanita, Daniel Gonzalo Zalazar (30), instructor de artes marciales, en medio de una masacre. Fue testigo del asesinato de su mamá, Claudia Lorena Arias, de su tía que lo cuidaba desde bebé, Marta Susana Ortiz (45), y de su biabuela Silda Vicenta Díaz (90). Dos de sus hermanos, Lucas, de 11 años, y Mía, de 10 meses, también fueron atacados por este hombre y están graves, peleando por sus vidas. El agresor fue detenido cuando fue a atenderse de las heridas que le provocaron las víctimas en el intento de defenderse. El fiscal de la causa lo imputó por el femicidio de Arias, los homicidios simples de Ortiz y Díaz, y las tentativas de homicidio agravado por alevosía de los dos menores, en el caso de la beba calificado también por el vínculo.
Bautista apeló a su instinto para escapar de la muerte. Alzó a “Coco”, el perro callejero que era la mascota de la familia, y juntos se escondieron en el baúl del auto de la tía asesinada. Pasaron minutos interminables en los que Bautista quedó mudo, aterrorizado, en el habitáculo oscuro de la cochera. Tiempo después, tal vez una hora, pudo salir del baúl que había quedado entreabierto. Fue el primero que avisó del triple femicidio. Habló con un teléfono celular a su otra abuela, Mirta: “Llamá a cinco ambulancias. El Daniel mató a mi mamá”.
El llamado de la abuela al 911 ingresó a las 8.30 de ayer. Los vecinos del barrio Trapiche de Godoy Cruz, de clase media en el oeste del Gran Mendoza, oyeron las sirenas. Zulma, la primera vecina que salió a la calle, cuenta que vio a Bautista en una camioneta policial. Estaba totalmente shockeado. “No lloraba pero se lo veía como ido, callado”, describió entre sollozos la mujer.
Todo el barrio está conmocionado. “Era una excelente familia. Al asesino no lo habíamos visto, no convivía con la madre de los chicos, ni siquiera había reconocido a la beba”, dijeron vecinos. La abuela que recibió el llamado de auxilio, comentó a una vecina que el principal acusado era el padre de la bebé y que él había vuelto porque “pensaba reconocerla como propia”. Pero los investigadores sospechan que Zalazar nunca estuvo dispuesto a aceptar su paternidad. “El hombre y la mamá de los chicos discutieron, aparentemente, porque él no quería reconocer a su hija”, es la principal hipótesis que maneja la Fiscalía.
Susana, la tía soltera asesinada, a quien los chicos cariñosamente llamaban “Tuti”, se desvivía por los cuatro hijos de Claudia. Les había dado albergue en su casa y cuidaba de ellos y su mamá, la abuela “Doña Ñata”, recién operada de la cadera y que casi no podía moverse. Las tres mujeres con las que vivían los chicos fueron asesinadas. Bautista y su hermana de 13 años, que no estaba en la casa en el momento de la masacre, están a salvo y sin lesiones. El perrito Coco también salió ileso. Fue rescatado del auto por los policías que ingresaron a la casa y encontraron la escena dantesca. “El cuadro es bastante impresionante”, señaló el fiscal Santiago Garay al salir de la vivienda de Entre Ríos 1837 de Godoy Cruz.
Los peritos creen que el hombre utilizó sus conocimientos de artes marciales –es instructor de taekwondo–, para someter a sus víctimas. Primero atacó con furia a Claudia, la mujer con la que había tenido una hija hace 10 meses. Luego descargó su odio contra Susana, tía de su ex pareja que había intentado frenarlo. Y ni siquiera tuvo piedad con “Doña Ñata”, la abuela de Claudia, que estaba en su cama.
Pero para Zalazar, un santacruceño que hace 10 años se había instalado en Mendoza, asesinar a tres mujeres no fue suficiente. Por eso también hirió a su propia hija y al medio hermano de ella, de 11 años. El hombre utilizó un cuchillo que aún no fue encontrado para cometer el brutal ataque. Las tres mujeres se defendieron como pudieron y lograron lesionarlo. Por eso, terminó con los tendones de su brazo derecho cortados. Esa herida fue clave para que lo detuvieran porque, después de los asesinatos, el hombre se subió a un Volkswagen Gol gris y fue a buscar asistencia al Hospital Central de la capital provincial. Cuando llegó al centro asistencial, la Policía ya lo buscaba. Zalazar intentó burlar a los agentes apostados en el lugar y se dirigió directamente a los médicos, sin pasar por la guardia, a quienes les relató que había sido herido por delincuentes que intentaron asaltarlo. Los profesionales no le creyeron la versión, avisaron a la Policía e inmediatamente fue arrestado.
Claudia fue apuñalada en el cuello y murió desangrada. Su cuerpo quedó tendido en uno de los pasillos de la casa. Susana intentó reaccionar, pero Zalazar no le dio oportunidades: la golpeó en el rostro, la apuñaló y la dejó tirada a pocos metros de su sobrina. Finalmente el asesino fue en busca de la abuela, a la que degolló en su cama.
Aún no se pudo determinar en qué momento atacó a la bebé y al nene de 11 años, a quien apuñaló varias veces. Los dos permanecían al cierre de esta edición internados en grave estado, ambos en terapia intensiva. La beba recibió transfusiones de sangre y el nene fue operado durante más de tres horas, ya que tenía heridas en la zonas gástrica y hepática.
Sí se sabe, por las manchas de sangre que aparecieron en la casa, que el homicida buscó intensamente a Bautista, pero no lo encontró. El siguiente paso del plan macabro fue abrir las perillas de la cocina para dejar circular el gas y encender una vela. Pensó que podía explotar la casa para borrar las huellas o provocar un incendio para que las llamas calcinaran los cuerpos. Pero Bautista, escondido en el baúl del auto, ya había logrado comunicarse con su abuela y relatar el espanto.

lunes, 18 de abril de 2016

El gobierno porteño aseguró que en la fiesta "no faltaba agua"

Desde de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) aseguraron que se "han dado y complementado todos los requisitos requeridos por la normativa tanto para el permiso como pata la previa y desarrollo del evento".

El director ejecutivo de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) de la Ciudad de Buenos Aires, Matías Álvarez Dorrego, se presentó este lunes en la Legislatura porteña para dar explicaciones por la tragedia de Costa Salguero y aseguró que "los inspectores constataron que no faltaba agua" en la fiesta electrónica.


"Siempre se hace una inspección previa antes de este tipo de eventos. Para comprobar que toda la documentación presentada con anterioridad por el organizar se corresponde en los hechos. Recién ahí se otorga el permiso para que pueda abrir el lugar", señaló el funcionario en declaraciones reproducidas por el portal Noticias Urbanas


Dorrego agregó que "durante el evento se vuelve a realizar otra verificación" y que "en el caso de Time Warp, el viernes 15 a las 10:00, los inspectores inspeccionaron el lugar, exactamente cuatro horas antes de la apertura de la fiesta electrónica", mientras que "un día antes, dos inspectores realizaron la inspección del armado del predio".
"Los inspectores comprobaron que había agua potable en los baños y dos dispensers", apuntó y agregó que dentro de los requisitos del permiso se contemplaron 2 ambulancias de alta complejidad, 5 médicos, 10 socorristas, 1 puesto de atención, 65 vigiladores, 80 baños químicos, la disposición de los bomberos de La Boca y 20 efectivos de Prefectura Naval.

"Desde la AGC se han dado y complementado todos los requisitos requeridos por la normativa tanto para el permiso como para la previa y el desarrollo del evento", aseguró el funcionario, y aseguró además que, al firmar las actas con los inspectores, el organizador del evento "queda facultado y asume todas las obligaciones del evento como así también su responsabilidad por si hubiera falseado alguna declaración ante el Gobierno porteño".
"La Agencia Gubernamental de Control cumplió todos los normativas vigentes", insistió ante los legisladores, que plantearon sus preguntas, especialmente, en torno al hacinamiento y de la falta de agua en el lugar

Un reconocido músico, acusado de liderar una banda de ladrones

Inseguridad
Es un ex saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs. Pidieron llevarlo a juicio por un violento asalto a un restorán de San Isidro.


De los escenarios a la cárcel. Ese es el camino que recorrió Ignacio Pardo (51), conocido en el mundo del rock como Naco Goldfinger, uno de los fundadores de Los Fabulosos Cadillacs. El músico va camino a ser juzgado por un violento robo cometido el año pasado en San Isidro.
Para el fiscal que investigó el asalto, Pardo era el jefe de una banda integrada por otros cuatro imputados. Uno de ellos es un parrillero de "La Dorita", el restorán donde cometieron el golpe.
Con esa información, los acusados habrían planificado un audaz golpe que se concretó el 24 de agosto de 2015. Uno de los imputados se hizo pasar por remisero y buscó a la mujer. El coche frenó a los 100 metros, donde subieron otros tres integrantes de la banda.
A la mujer la amenazaron con torturarla con una picana eléctrica y le dijeron que si no entregaba la plata la iban a matar. Finalmente, la liberaron en San Fernando. Para el fiscal, todo fue monitoreado desde un auto por el músico.
Dos meses después, Pardo fue detenido en su casa, ubicada en el exclusivo barrio de La Horqueta. Trató escapar los techos. 
Pardo ya había estado en la mira de la Justicia durante 2014, cuando lo detuvieron acusado de haber participado en un robo dentro de un country.
Por entonces, el saxofonista alquilaba una casa en el barrio San Isidro Labrador de Benavídez, en Tigre, donde se dieron un par de robos a mano armada. Tras una serie de investigaciones se descubrió que uno de los ladrones figuraba en los registros como alguien que ingresó al country como visitante de Pardo. Se lo acusó de entregador.